Todo lo relacionado con la incorporación de la empresa al ámbito on-line representa un cambio en la cultura organizativa de la empresa, con una carga de profundidad que va más allá del simple uso de las redes sociales para “conectar” con los clientes. La lectura que la empresa ha de hacer del fenómeno de la web 2.0 no puede limitarse a la oportunidad de desarrollar acciones de marketing, mejorar el acceso a la información sobre sus productos/servicios o habilitar canales de atención al público y venta on-line. La empresa ha de ir más allá y enfocarse en la trascendencia y alcance de cambios de comportamiento en las personas que esas redes sociales suponen.

Paralelamente al desarrollo y evidente popularización que el uso de las redes sociales está adquiriendo en nuestras vidas hoy en día, asistimos a un proceso de convergencia en torno a lo digital: cada vez disponemos de más aparatos de diferente naturaleza que nos permiten, en cualquier momento y lugar, acceder al ámbito on-line y participar en esas redes sociales.

Esta idea nos arrastra a una concepción de Internet cada vez más “social”, en la que esa gran base de información y datos que suponía la red en sus inicios, se presenta ahora como una gran plataforma de relación y comunicación entre personas, en la que éstas comparten libremente contenidos y opiniones, experiencias, relaciones, etc.

Esta nueva concepción social de la web está basada en desarrollos tecnológicos que nos facilitan “hacer las cosas” y en un cambio de actitud del individuo, que decide adoptar una posición activa, de creador y difusor de opiniones e información. En realidad, podríamos incluso plantearnos si realmente es internet quien evoluciona, o si más bien es la propia sociedad la que evoluciona y otorga nuevos usos a la red. Pero lo relevante es que esa concepción social de la red obliga a las empresas a revisar procesos, servicios e incluso modelos de negocio.

Independientemente del desarrollo de fenómenos presentes y futuros como la movilidad, la geolocalización o el “internet de las cosas”, lo importante es que millones de personas se conectan diariamente a la red, lo que supone un radical cambio en la propia concepción del individuo y sus hábitos de comportamiento, que exige de las empresas esas nuevas soluciones orientadas a la citada necesidad de revisar procesos, servicios y modelos de negocio.

Reflexionar sobre todo esto y revisar bajo dicho prisma el actuar organizativo y empresarial ayudará a las organizaciones a comprender lo que podemos denominar las nuevas lógicas digitales de los mercados y utilizarlas de un modo adecuado para el desarrollo de sus fines corporativos, como fuente de diferenciación, de mejora de la productividad y de incremento de la eficiencia como factor clave de innovación.

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